En el medio
Decidiste apartarla a ella de tu vida y luego me felicitaste cuando yo hice lo mismo. Quisiste seguir en mi vida y no en la suya porque según tú yo era una persona especial y ella no merecía la pena. No sé en qué momento cambiaste de decisión, no sé cuándo dejé de valerte la pena o empecé a dártela, pero de la noche a la mañana diste la vuelta a la tortilla y ya nisiquiera tenías ganas de arreglar las cosas conmigo. De pronto te veo en las redes haciendo con ella los viajes que nunca tuviste tiempo de hacer conmigo. Te veo comprándote la ropa a juego con ella cuando hace unos meses decías no soportarla. Subes fotos con ella diciendole lo maravillosa que es, como si no te hubiera costado nada reemplazarme. Supongo que es más fácil perdonar a una persona que te sigue el juego en tus falsedades a alguien que va de frente y te dice lo que mereces y necesitas oír. O supongo que en el fondo la criticabas porque eres igual que ella. El caso es que estuvisteis jugando a dos bandas, metiéndome a mí en medio de vuestras absurdas peleas, para al final acabar tirándome como una colilla. Pensaba que lo que os faltaba era madurez, no entendia porque entre vosotras os saludabais por la calle después de dejar de ser amigas pero conmigo os cruzabais la acera, hasta que me di cuenta que solamente sobraba yo en la ecuación. Ya he entendido que a mí nunca me vais a volver a aceptar en vuestro maravilloso grupito donde un día te crítico y al siguiente te idolatro, pero sinceramente, ni falta que me hace.
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